Thursday, May 17, 2007

XinJiang (6): A lomos de un camello

Uno de los puntos más complicados de la Ruta de la Seda era atravesar el desierto de Taklamakan (que en lengua local significa “irás y no volverás”).

En nuestro caso decidimos adentrarnos solo por unas horas, subidos a camello y con dos guías que tiraban de ellos. El espectáculo de ver la inmensidad de la nada, tan solo de polvo y arena (el origen del hombre), acompañados de un calor y brisa de lo más intensos resultó mágico. Desconozco el porqué, quizás como el fuego, el desierto embruja y uno pasaría horas y horas sentado en lo alto de una duna simplemente observando el paisaje y como la brisa lo va moldeando y transformando sigilosamente.



Las fotos no tienen desperdicio, especialmente el reportaje que me hizo Javier donde el camello se negaba a subir por el perfil de la duna, se ponía de rodillas y pretendía escupirme por su trasero. La situación fue tensa, me veía rodando por la duna con los trastos de montar a cuestas y es que aquello se iba resbalando cada vez más hacia atrás, la altura cada vez era mayor y el bicho era terco como el solo. Finalmente, en el último momento me ayudaron a bajar de la silla justo a tiempo para no salir rodando de la situación. Ahora que veo las fotos me rio a carcajadas, al igual que Javier mientras captaba el "momento estelar", pero pase un rato de "cangueli", menuda leche me habría dado...

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