Sunday, December 10, 2006

Uganda: (7) PN Bwindi: los gorilas de montaña.

Tras atravesar las montañas y cruzar por los campos de algodón y té que cubren las tierras altas de Uganda, llegamos a Bwindi. Situado en el sur-oeste del país, haciendo frontera con Ruanda, aquí se encuentran las únicas reservas naturales de gorilas de montaña existentes en el mundo. Y allá íbamos, dispuestos a tener una experiencia al mas puro estilo de la película “Gorilas en la niebla”.





Al igual que ocurre con los chimpancés, las familias de gorilas que habitan las montañas del PN Bwindi están habituados a los humanos. Diariamente, cada familia de primates puede recibir una visita de un único grupo de humanos, compuesto como máximo por ocho personas, que podrán observarles durante un tiempo escrupulosamente cronometrado de 60 minutos. Los guías son muy respetuosos con las normas y previo al encuentro con los gorilas aleccionan bien a los visitantes, que deberán estar en buen estado de salud para no contagiar a los gorilas de ninguna enfermedad, ya que al parecer son muy sensibles a las enfermedades humanas. Y al ser una especie en extinción sería muy fácil su desaparición mediante este tipo de contagios. De hecho, los guías te piden que si algún gorila quisiera acercarse a ti, por favor te apartes y no te permitas tocarte, pues sería una fuente de posible contagio.



Nuestra caminata al encuentro de los gorilas comenzó muy temprano. En total hay cinco familias diseminadas por distintos puntos de estas montañas. Nosotros íbamos al encuentro de la familia Mubare, compuesta por un jefe (el silverback, con su lomo plateado), un conjunto de hembras y algún macho joven (8 en total) y un par de crías. Llegar a su alcance nos costó casi dos horas de dura caminata por una jungla húmeda y dificultosa de atravesar, pero de pronto, como por arte de magia, allí estaban, en la tranquilidad mas absoluta, disfrutando de un almuerzo de hormigas o de fruta, de una siesta, de unos juegos infantiles, de una limpieza de piojos, de la hora de la lactancia del bebe del grupo, o simplemente de la presencia de los mzungu del día.



Reinaba el silencio, con el sonido de los pájaros como una música de fondo. No se sintieron incomodados en ningún momento por nuestra presencia, que procurábamos no interfiriera demasiado en su cotidianeidad. Y observarles fue lo más maravilloso que he podido contemplar y experimentar hasta ahora. Fue un encuentro con los más puros orígenes del ser humano, los minutos se convirtieron en segundos y hubiera querido permanecer todo el tiempo del mundo allí, mirándoles. Transmiten tanta quietud, tanta serenidad. Sin miedo al ser humano, si acaso curiosidad, de hecho el afán del pequeñín de la familia era acercarse a nosotros y tocarnos, pero las normas impedían una aproximación mayor de 2 metros. Y a eso estuvimos, a escasos 2 metros de ellos, con una mirada expectante, deseosa de recibir la suya, y tener un momento mágico. Sin duda este fue el momento culmen de todo el viaje. INCREIBLE!!!

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