Thursday, March 15, 2007

Nueva Zelanda: (3) Marborought Sounds

Después de pasar la noche en PICTON, por la mañana tomamos una lancha que nos llevaría a hacer una caminata por Marborought Sounds (los fiordos). Durante el trayecto en la motora recibimos la visita de decenas de delfines que se acercaron para alardear de sus piruetas y competir con la velocidad del barco mientras provocaban centenares de sonrisas en el personal de a bordo. Es maravilloso contemplar a estos animales, su pasión por acercarse al ser humano y percibir la alegría que transmiten a la gente. Puedo entender perfectamente que los utilicen para las terapias de los niños con problemas de autismo.



La caminata que recorre por tierra los Marborough Sounds (The Queen Charlotte walking track) fue de unos 15 km. Durante los cuales nos adentramos en bosques repletos de helechos plateados, una variedad de helechos gigantes que solo existen en NZ, y cuyo tamaño es descomunal, pueden alcanzar a medir 3-4 m. de altura, como si de palmeras se tratase (atención al tamaño de sus hojas, tan grandes como yo!); y disfrutamos de playas y calas de nítidas aguas.

También nos tropezamos con "kiwis", aves sin alas muy curiosas que sólo existe en Nueva Zelanda.

Pero sin duda, lo mejor fue encontrar un lodge maravilloso al finalizar la caminata, donde improvisamos quedamos a dormir.

El día era soleado con una luz de sinceridad absoluta, el cielo azul, y el entorno de vegetación verdemente salvaje con un mar de un azul intenso y orillas cristalinas. Tuve momentos de intensa emoción al contemplar aquellos paisajes y sentirme una vez mas… en un paraíso.



Una vez, en Tailandia, creía haberlo descubierto, nuevamente lo encontré en Zanzíbar, y ahora se repetía en NZ. Lo que ratifica mi teoría de que la tierra es el verdadero paraíso, donde la naturaleza día a día nos regala satisfacciones maravillosas. Lo triste es que el ser humano, día a día también, se encargue de despreciar y maltratar aquello con lo que siempre sueña: el paraíso.
No somos conscientes de lo que nos regala la naturaleza y cuan necesaria es. La idea de imaginar el sufrimiento de aquellos u otros paisajes por la actuación humana hasta llegar a destruirlos, me provocó una profunda tristeza. Y comencé a admirar al pueblo neocelandés que, como iré relatando, a preferido sacrificarse renunciando a infraestructuras para salvaguardar el gran parque nacional que es todo el país. Una elección ejemplar y envidiable.

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